Hoy he vuelto a releer este libro (izquierda), que tenia pensado hacerlo hace algún tiempo. En el prefacio, Stefan Zwieg cuenta como en su vida se han producido cambios muy profundos. Dice que "tres veces me han arrebatado la casa y la existencia". Así perdió su ciudad, Viena y a Europa, su segunda patria, ambas por la hecatombe moral que representó las dos guerras europeas. Así se encontró en una situación de total desamparo y apátrida. Dice que esto le hace convertirse en un hombre libre: el apátrida a nada está ligado y a nada debe reverencia. Los cambios son rápidos y la memoria, vulnerable. Caundo, ya en el exilio, habla con personas jóvenes y le hacen preguntas que considera "estupefactas". Lo que para él era evidencias, pasado un poco de tiempo y con un cierto alejamiento, para otra gente eran recuerdos evanescentes. Para él se habían roto los puentes entre el "ayer" y el "hoy" . Arriba, a la derecha, está una foto, de hace un año, que muestra como se "atendían" a los refugiados. Ha pasado ya un año, nada ha cambiado salvo que los periodicos no ofrecen noticias de cómo se encuentra esa gente. Europa ha cambiado y en lugar de posturas receptivas, emergen posturas nacionalistas y antisolidarias. Solo he comenzado pero me emocionado con las primeras páginas escritas por Stefan Zweig.
Hace tiempo que las noticias me interesan menos. Me da rabia saber que vive en un mundo tan lamentable. Me sucede lo mismo que a El Roto, que suplico poder encontrar algo satisfactorio con lo que mantener la ilusión de vivir en sociedad. Y el domingo, ¡por fin! he visto algo recomendable. Se trata de un artículo grande que se publica en El País. La escritora es Irene Vallejo, escritora y escrito que engrandece a un periodico Recomiendo vivamente su lectura. El título del artículo es. "Esta inacabable charlatanería". Dice que un grupo de inconformistas se reúnen en cada de un amigo para arreglar e l m undo....el lenguaje empieza a transformarse, se desprecia la moderación, consideran mas digno de confianza al mas furibundo, etc.. Estamos en El Pireo, hace unos 2.500 años. Quien inicia el dialogo es Sócrates y lo narra Platón. Alguien pregunta que es lo justo y qué es la justicia. La discusión se alarga hasta que Trasímaco pierde la calma y sentencia que lo j...


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