Ayer por la tarde se levantó un viento muy fuerte ya anunciado. La huerta no se vió muy afectada (los tomates ya con cierta altura estaban sujetos a las varas de soporte y resistieron muy bien). Sin embargo, los árboles se han visto muy afectados. De manera especial, los avellanos. Ya al atardecer, pude apreciar el enorme impacto del viento en los avellanos. El suelo estaba cubierto de ramitas con las avellanas. He recogido dos calderos grandes con peras y nueces, caidas. Sin embargo, considero que es un daño menor. Las avellanas, venian muy bien y yo preveia una cosecha "excelente". Creo que se ha perdido la mitad, o casi. Muy pronto, por la mañana con la segadora, he recogido todo lo que el viento ha tirado. No soportaba ver el espectáculo. A la izquierda se ve un puñado de las avellanas tiradas. Grandes, sanas y hermosas pero aún sin hacer. A la derecha se puede ver una avellana, partida por la mitad por el cortacesped. En el centro se puede apreciar la avellana, aún pequeña, muy tierna y en estado lechoso. No se pueden aprovechar y hay que tirarlas todas. En medio del desastre, una satisfacción. No se aprecia la presencia del gusanito (capsocara), lo que indica que en esta ocasión he aplicado bien el tratamiento. No obstante, creo que aún quedan bastantes avellanas, y que la cosecha de nueces y peras continúa siendo muy favorable. Dios, dicen, aprieta pero no ahoga.
Hace tiempo que las noticias me interesan menos. Me da rabia saber que vive en un mundo tan lamentable. Me sucede lo mismo que a El Roto, que suplico poder encontrar algo satisfactorio con lo que mantener la ilusión de vivir en sociedad. Y el domingo, ¡por fin! he visto algo recomendable. Se trata de un artículo grande que se publica en El País. La escritora es Irene Vallejo, escritora y escrito que engrandece a un periodico Recomiendo vivamente su lectura. El título del artículo es. "Esta inacabable charlatanería". Dice que un grupo de inconformistas se reúnen en cada de un amigo para arreglar e l m undo....el lenguaje empieza a transformarse, se desprecia la moderación, consideran mas digno de confianza al mas furibundo, etc.. Estamos en El Pireo, hace unos 2.500 años. Quien inicia el dialogo es Sócrates y lo narra Platón. Alguien pregunta que es lo justo y qué es la justicia. La discusión se alarga hasta que Trasímaco pierde la calma y sentencia que lo j...
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